France, 17-2-1990
Estimada María,
Ya me figuro que encontrarás muy extraño la procedencia de esta carta sobre todo, después que hayan transcurrido tantos años y lo ocurrido entre nosotros.
Pero el motivo es, que por las fiestas de la Candelaria, me encontraba en Amerlla a pasar unos días con mi familia y Teresina, mi sobrina, me dijo que tú habías telefoneado. Al decirme esto, un desfile de recuerdos recorrieron mi mente y más de cincuenta años después me recordaban mi juventud, nuestra juventud, que desgraciadamente la guerra nos destruyó.
¿Por qué tantos años después vengo a escribirte? Yo mismo me lo pregunto. Pero tener noticias tuyas, y poder quizás vernos un día, para mi sería una gran alegría y una satisfacción de borrar lo que la vida, tan siniestramente nos legó de una época tan dura.
No quiero insistir sobre este pasado y supongo que para ti será también motivo de alegría de poder despedirnos de esta vida, por lo menos amigos.
Esperando que la dirección de este sobre es la buena y que la presente llegue a tus manos y que me responderás lo más pronto posible, te deseo mucha salud y te abraza como de veras quisiera hacerlo el que fue un día, la sombra de lo que no podía realizarse.
Tu amigo,
Paco
Paco y María eran novios en el 36. Cuando estalló la guerra se separaron y 54 años después escribió Paco esta carta, la primera de un montoncito de ellas que estoy trascribiendo para que no se pierdan en el olvido. Se casaron año y medio después y fueron felices cada día de los 14 años que estuvieron juntos.
Hace tres años murió Paco en mitad de la noche, esa tarde había bailado un tango con María en la entrada de su casa. A María se le ilumina la cara cuando habla de Paco. Leo sus cartas, y no me extraña.
Por supuesto, ¡un Prost! por ellos!